Buenas a todos y todas.
In nómine páter...
 
Os remito las instántáneas místicas del lugar de recogimiento y sosiego que hemos visitado feliz y fatigosamente en el día de hoy.
Diego, David y un servidor, hemos puesto bandera en la cota a 1100 metros de altura. Una vez en el Monasterio de Tentudía, un halo misterioso nos ha atenazado entre la espesa niebla, nos ha aflojado las ruedas de las bicis, y nos ha emborrachado de cánticos gregorianos que desde el más profundo rincón dejaba reverberar el eco de "cruzcampo, maho, san miguel, ...". En medio de tal embriagamiento, me ha parecido ver al Gitano vestido de monja; al Diego echando horas repellando desconchados con el palaustre en la mano, como un auténtico inmigrante andalusí a sueldo del capellán; y hasta yo me veo, pergaminos bajo el brazo, como no podía ser de otra manera, luchando contra las fuerzas ocultas que me habían puesto densa cabellera bajo el casco. Todo un poema lírico.
Menos mal que cuando las ovejas empezaron a roer el caucho de las cubiertas de las bicis y a cagarse encima de ellas, despertamos repentinamente de la esperpéntica paranoia.
Antes de irnos, dejamos constancia de nuestra visita inmortalizándonos en grupo. Se aprecia que un áurea resplandeciente ocupa la escena inundándola de misticismo y de espesa niebla, que bastante por culo dio durante todo el camino de bajada.
 
Lejos ya del camposanto, nos ha sido grato descubrir un nuevo camino de Santiago, este sí, con agua fresca y abundante corriendo por el lecho, mucha piedra y mucha zarza. Toda una bici-aventura de las que le gustan al Gaya.
El pueblo de Monasterio tiene más bares que habrá que investigar, y de los talegazos, ni hablamos.
La repetiremos.
 
Amén.

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